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El lucrativo negocio del esoterismo

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Artículo publicado el lunes 12 de diciembre de 2016 en el periódico de LAVERDAD

Recientes estudios sociales apuntan que la incertidumbre generada por las dificultades económicas y la perplejidad en el panorama político, han provocado que muchas personas acudan de manera desesperada a aquellos que dicen tener el don de la adivinación, para conocer su futuro o atraer la buena suerte. Por ello, el mercado de lo esotérico no ha parado de crecer en los últimos años. La proliferación de brujos, videntes y adivinos, que se anuncian en todos los

.00periódicos y medios de comunicación, forman una oferta de mercado que genera aproximadamente unos 3.000 millones de euros al año en nuestro país, aunque dar cifras de este sector es muy difícil, debido a que casi la totalidad de todos esos millones no pagan impuestos. Pues, la mayoría de personas que trabajan en este mercado, se estima que más de 100.000, lo hacen sin contrato de ningún tipo y sin licencia de “trabajador autónomo”, formando estas actividades económicas parte de la economía sumergida, produciendo un doble engaño al erario público. Por ejemplo, se estima que solamente el tarot y la videncia telefónica están generando en torno a los 2.000 millones de euros anuales, sin cotizar a la seguridad social ni pagar ningún tipo de impuesto. Sin duda alguna, son sorprendentes las cifras que este mercado está consiguiendo.

En la actualidad en nuestro país se considera legal que un ciudadano pueda consumir todos los servicios que ofrece este mercado. Sin embargo, no ocurría así antes, pues el Código Penal perseguía a todas aquella personas que “por interés o lucro interpretaren sueños, hiciesen pronósticos o adivinaciones, o abusasen de la credulidad pública de manera semejante”, pero la Ley Orgánica 3/89 derogó dicho artículo en junio del año 1989. Por lo tanto a partir de esa fecha la sociedad acepta estas actividades esotéricas como actividades normales. Es decir, si un ciudadano quiere entregar 100 euros a un adivino por una consulta sobre su futuro o entregar 10.000 euros a un brujo para que le haga un trabajo de magia, está en su derecho ya que es legal. Solamente se podría procesar a ese adivino o brujo por delitos fiscales en el caso de defraudar a la Hacienda Pública, pero no por recibir dinero por la actividad realizada.

El extraordinario interés social que despierta el esoterismo ha facilitado que estafadores se aprovechen de la ingenuidad y credulidad de sus clientes para levantarles el patrimonio. Lo que ha multiplicado el número de denuncias sobre estafas y fraudes esotéricos en los últimos años. Dichos delincuentes con el pretexto de tener “poderes” o “facultades” paranormales se ganan la confianza de sus clientes presentándose como expertos brujos, adivinadores o clarividentes. Cobrando por cada sesión entre 20 a 50 euros normalmente, aunque algunos pueden llegar a exigir varios cientos de euros por una consulta. A continuación, el supuesto vidente o brujo le dice al cliente en la consulta: “uy qué mal veo su futuro laboral” o “necesitas un trabajito para encontrar pareja” o cualquier otro ritual que exija, más tiempo, más dedicación y más dinero por parte del cliente. Algunos consiguen con este método sacar muchísimos miles de euros del ingenuo en cuestión, siendo este el método normalmente más usado. Otra forma de fraude consiste en hacer una “limpieza” sobre los objetos de valor de la casa: las joyas y el dinero. En estos casos, el ritual exige juntar todo y envolverlo en un paquete con algunos materiales de índole mágica, dejándolos durante un tiempo totalmente oculto. En algunos casos, la victima tiene que llevar todos sus objetos de valor a la consulta con el brujo. En otros, el paquete se queda en casa, con la orden de no tocarlo en unos días, hasta que vuelva el brujo para acabar el ritual. Lo que pasa es que pasados esos días nadie aparece. El cliente, al final, acaba sospechando y un día decide abrir el paquete. Entonces se lleva la desagradable sorpresa que sus joyas y su dinero se han transformado en metales sin valor y recortes de periódicos.

A pesar de los innumerables intentos por parte de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) por advertir del engaño que suelen suponer este tipo de prácticas, lo cierto es que cada vez son más las personas que siguen confiando en que alguien vaya a adivinarles el futuro o a solucionarles los problemas en su vida. Por ello, este mercado ha alcanzado tales dimensiones que ya es imposible tener un panorama completo y claro del mismo en nuestra sociedad. Lo único claro es que el mercado del esoterismo es un lucrativo negocio y el fraude crece cada día más en él.